El IPEN produce radioisótopos mediante el reactor nuclear RP-10 para su uso en centros de medicina nuclear. Esta tecnología contribuye al diagnóstico y tratamiento de enfermedades con una logística especializada para llegar a los establecimientos de salud.

16 Sep 2026 | 13:24 h
Redacción Perú Conectado
Mientras gran parte de Lima duerme, en el Centro Nuclear RACSO comienza un proceso tecnológico que funciona contra el reloj. Especialistas del Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN) producen radioisótopos destinados a establecimientos de salud y que, según la institución, contribuyen a la atención de aproximadamente 42 mil pacientes cada año.
La producción se realiza mediante el reactor nuclear de investigación RP-10 y una planta especializada donde los materiales irradiados son procesados para obtener productos utilizados posteriormente en medicina nuclear.
El proceso representa una de las aplicaciones de la tecnología nuclear desarrolladas en el país y combina infraestructura especializada, conocimiento científico, protocolos de producción y una cadena logística condicionada por una característica particular: algunos de estos productos pierden rápidamente su actividad radiactiva.
Uno de los principales radioisótopos producidos por el IPEN es el tecnecio-99m (Tc-99m), ampliamente utilizado en medicina nuclear para realizar estudios sobre el funcionamiento de diferentes órganos y tejidos.
Su aplicación permite obtener información distinta a la proporcionada por algunos estudios convencionales de diagnóstico por imágenes. Mientras una radiografía muestra principalmente la estructura de una determinada zona del organismo, los estudios realizados con Tc-99m pueden ayudar a conocer cómo está funcionando.
El IPEN produce radioisótopos desde la década de los años noventa. El proceso comienza con la irradiación de determinados materiales en el reactor RP-10. Posteriormente, estos pasan a una planta de producción donde son procesados bajo condiciones controladas hasta obtener los productos requeridos por los establecimientos de salud.
La tecnología nuclear encuentra así una aplicación concreta fuera del ámbito energético: puede convertirse en una herramienta para el diagnóstico y tratamiento médico.
La producción del Tc-99m presenta un desafío particular. Su vida media es de aproximadamente seis horas, lo que significa que su actividad radiactiva disminuye progresivamente en un periodo relativamente corto.
Por ello, no puede almacenarse y distribuirse bajo las mismas condiciones que un medicamento convencional. Su fabricación debe responder a la demanda de los centros de medicina nuclear y considerar cuánto tiempo tomará trasladarlo hasta su destino.
"Lo hacemos de madrugada para ganar tiempo al tiempo. El proceso no termina con la producción. A diferencia de un medicamento convencional, que puede permanecer almacenado durante largos periodos, un radioisótopo como el Tc-99m requiere una logística especializada debido a su corta vida útil", explica Rocío Solís, directora de Producción del IPEN.
Esto obliga a sincronizar producción, control y transporte. La tecnología utilizada en el reactor y la planta es, por tanto, solo una parte de una cadena en la que el tiempo también se convierte en un factor crítico.
Además del Tc-99m, el IPEN produce yodo-131, utilizado principalmente para tratar el hipertiroidismo y determinados tipos de cáncer de tiroides.
De acuerdo con la institución, su producción permite responder a la demanda de centros de medicina nuclear ubicados en Lima y regiones como Arequipa, Cusco y La Libertad.
Otro producto es el samario-153, que se fabrica según los requerimientos recibidos. Puede emplearse como alternativa para el manejo paliativo del dolor asociado a determinadas enfermedades, particularmente en algunos pacientes oncológicos en etapas avanzadas.
"Su aplicación contribuye a mejorar la calidad de vida de estos pacientes", señala Solís.
La producción de estos materiales también exige controles específicos. Al tratarse de productos destinados a ser administrados a personas, el IPEN señala que su planta está sujeta a requisitos sanitarios y debe cumplir las condiciones y certificaciones correspondientes, incluidas las relacionadas con Buenas Prácticas de Manufactura y Buenas Prácticas de Laboratorio.
La experiencia muestra cómo una infraestructura científica puede encontrar aplicaciones concretas en la vida cotidiana. Desde un reactor nuclear ubicado en el Centro Nuclear RACSO hasta un establecimiento de salud, existe una cadena tecnológica que debe funcionar de manera coordinada para que los radioisótopos puedan llegar dentro del periodo requerido para su utilización.
Para entender mejor cómo esta cadena tecnológica impacta en la atención médica, revisa más contenidos sobre innovación y aplicaciones científicas desarrolladas en el Perú.