¿Qué es lo primero que se viene a la mente al pensar en sostenibilidad? Lo que antes era un concepto lejano, hoy es una realidad a la que deben adaptarse muchas comunidades. Y es que sostenibilidad no es otra cosa más que garantizar que lo que se tiene hoy también esté disponible para las próximas generaciones.
En ese sentido, contar con una infraestructura básica —enfocado en garantizar las necesidades como el acceso al agua, energía y saneamiento —, es un derecho que no debería faltar en ninguna comunidad. A la vez, es un reto que Proyecto Olmos tuvo que enfrentar.
Desde un principio, la concesionaria H2Olmos lo tuvo claro. Orientada a resolver las principales necesidades esenciales como el acceso a agua potable —identificadas tras la atención en los Centros de Información y Atención Comunitaria—, desarrolló un sistema de agua potable para los distintos caseríos como es el caso de Las Norias.
“En la institución educativa, los niños no tenían agua y la concesionaria H2Olmos los ayudó brindando agua que beber de manera perenne”, comenta Maria Asalde Hernández, presidenta del Comité Virgen de Fátima de Las Norias.
Alineados con el ODS 6 —que se basa en proporcionar agua potable y saneamiento—, con la infraestructura brindada la comunidad pudo acceder a una mejor condición de vida, inclusiva y respetuosa con el medio ambiente.
Después de todo, invertir en infraestructura sostenible es una de las prioridades más claras para reducir la vulnerabilidad de las poblaciones que se enfrentan a crisis climática, sociales y económicas.
Pero el acceso al agua potable quedaría inconcluso si no existe un correcto sistema de saneamiento. Con el objetivo de reducir la contaminación de ríos y suelos, este servicio no solo reduce el impacto ambiental, sino que también fortalece la autonomía de las comunidades.
Siguiendo ese camino de apoyo, en la institución educativa La Juliana se apoyó con la construcción de un módulo sanitario prefabricado que incluye:
Del mismo modo, en el caserío Huabal, se brindó la maquinaria para la implementación de 4 pozos sépticos. Este sistema —crucial en zonas rurales—, consiste en un tanque donde se almacenan las aguas residuales provenientes de los hogares. De esta manera, se reduce el riesgo de contaminación, lo que ha beneficiado a más de 400 pobladores de la zona.
Pero ojo: brindar esta infraestructura no se limita a la parte técnica. También tiene que ver con la forma en que las personas participan en estos procesos. Cuando una comunidad se involucra en el cuidado de su sistema, el impacto es mayor.
Estos proyectos no vienen solos, su llegada incrementa las oportunidades. A más comunidades con acceso a electricidad —a la par de computadoras e impresoras—, pueden reducir la brecha digital, permitiendo que estudiantes se conecten con el mundo a través de la tecnología.
“La concesionaria nos apoyó en el proyecto de electrificación que ha sido bien visto en la institución educativa. Gracias a ello manejamos computadoras, impresoras y demás.”, añade Segundo Acha Jimenez, director de caserío de Huabal.
Aunque en un inicio el Proyecto Olmos se formó como una solución para optimizar el recurso hídrico, hoy busca ser un ejemplo de cómo la inversión en infraestructura puede ser sostenible.
Y es que más allá de sus beneficios productivos, el proyecto ha asumido un compromiso con las comunidades; desarrollando iniciativas en educación, salud, recreación y apoyo frente a emergencias climáticas.
“Para nosotros ha sido una gran emoción. Gracias a la empresa que nos ha seguido dando la mano, vamos a mejorar como comunidad.”, finaliza Odemar Lopez Santos, ex autoridad de caserío de Huabal.
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