


En el marco del Día del Maestro en el Perú, Apunte Educativo conversó con Roxana Riveros, docente de educación inicial en una comunidad altoandina de Cusco. Su historia en el aula permite acercarse a los desafíos de la enseñanza rural, un espacio donde la lengua y la identidad cultural son los pilares del aprendizaje cotidiano.
Cada 6 de julio, el Día del Maestro en Perú no solo celebra la vocación docente, sino que también pone la mirada en quienes enseñan en los lugares donde la escuela enfrenta desafíos que van mucho más allá del aula. En las zonas rurales más alejadas, educar implica abrirse paso entre lenguas distintas, costumbres arraigadas y realidades donde aprender y enseñar no siempre hablan el mismo idioma.
En el Perú se hablan 48 lenguas indígenas u originarias, una diversidad que convive con uno de los principales desafíos del sistema educativo: garantizar que los niños aprendan en su lengua materna sin perder su identidad en el camino. En ese contexto, la Educación Intercultural Bilingüe (EIB) busca que el aprendizaje ocurra tanto en la lengua originaria como en el español, promoviendo un modelo educativo más inclusivo y conectado con la realidad de cada comunidad.
Desde la comunidad de Cuncani, en Urubamba (Cusco), la docente Roxana Riveros compartió su historia en una entrevista con Apunte Educativo, donde relató su experiencia enseñando a niños de 3 y 4 años en una escuela donde el quechua es parte central del aprendizaje diario. Su testimonio refleja cómo la educación rural en el país combina enseñanza, identidad y comunidad, y cómo nuevas plataformas como TikTok además ayudan a visibilizar una realidad poco conocida fuera de las zonas altoandinas.
R: Yo elegí la docencia como camino de vida porque pienso que la educación es un puente transformador de oportunidades. Dentro de eso, yo me especializo en Educación Inicial Intercultural Bilingüe porque siento el llamado al ver que hay muchas instituciones, muchos niños que necesitan de nosotros.
Cuando salí de prácticas, en el tercer semestre, me fui a una comunidad de Ccamahuara, ubicada en Lamay. Allí vi que la docente no hablaba el idioma quechua, que era la lengua materna de los niños. Por eso, los niños se frustraban y había una brecha muy grande. Entonces, siento que fue allí donde reafirmé mi vocación por la Educación Intercultural Bilingüe. No solo quería enseñar, sino también fortalecer su identidad, motivar a los niños y brindarles una educación de calidad.
R: Trabajo con los más pequeñitos, con niños de 3 y 4 años, en la institución educativa 50597 de Cuncani, en Urubamba. Mis clases las doy en su lengua materna, que es el quechua, y también me comunico con los padres de familia en reuniones o actividades.
El modelo educativo intercultural bilingüe nos dice que los niños deben aprender en su lengua materna, pero también en castellano. Yo incorporo el castellano con palabras sueltas que sean fáciles de comprender, como: “Hola, ¿cómo estás?” o “¿Cómo te sientes?”. Ellos responden y poco a poco se familiarizan con el idioma. Respecto a la identidad cultural, busco que mis niños se sientan orgullosos de sus raíces, de quiénes son y de que valoren su cultura. Trabajamos mucho ese aspecto, incluso a través de los videos que compartimos en TikTok.
Además, la Educación Intercultural Bilingüe es muy amplia porque involucra a los padres de familia, a los yachaq y a otras personas de la comunidad. No solo es la profesora quien enseña: los padres son actores principales de esta educación y los sabios de la comunidad también participan en el aula compartiendo sus conocimientos sobre la cosmovisión andina. Es muy bonito trabajar con el calendario comunal y aprovechar toda la riqueza cultural de la zona.
R: Enseñar en una institución ubicada en una zona rural, en una escuelita altoandina, sí es un poquito complicado. Estamos incomunicados, no tenemos muchas comodidades e incluso nuestra propia salud puede verse afectada, porque no es fácil tomar un carro para llegar a un centro de salud. Pero yo me quedo en esta institución porque los niños son mi motivación. Siento que necesitan una educación de calidad, una educación que les permita amar de dónde vienen y quiénes son. Mi compromiso es que los niños revaloren su cultura y no se sientan menos que los demás.
Lo que comenzó como una herramienta para registrar actividades del aula terminó convirtiéndose en una ventana hacia una realidad poco visible del país. En TikTok (@rosdelyroxanarive), sus videos han superado las 100.000 visualizaciones y han permitido acercar la Educación Intercultural Bilingüe en zonas rurales del Cusco a un público más amplio. Desde ese espacio, la docente muestra la escuela y cómo este modelo educativo influye en el aprendizaje de sus estudiantes.
R: Mis niños actualmente están desarrollando mucho la expresión oral. Están perdiendo el temor de hablar en público, porque muchas veces los niños de zonas rurales no tienen esa confianza. Lo que busco es darles seguridad para que puedan expresarse de diferentes maneras, también a través de los videos.
R: Lo que me está dejando TikTok también es la oportunidad de mostrar cómo son las zonas altoandinas y las escuelitas rurales de Cusco. Normalmente se habla de Cusco y la gente piensa en la maravilla del mundo o en Machu Picchu, pero no es así. También existen comunidades donde hay pobreza extrema y donde los niños tienen muchas necesidades.
Quiero mostrar esa realidad y también la riqueza de nuestra identidad cultural. Nuestra plataforma llega a muchas personas. No solo nos ven en Perú, Cusco o Urubamba, también recibimos comentarios muy bonitos de otros países. Quiero que el mundo conozca la identidad cultural de nuestros pueblos.
En el Día del Maestro, la historia de Roxana Riveros refleja una dimensión profunda de la educación en el Perú: aquella que ocurre lejos de las ciudades, donde enseñar no solo implica formar estudiantes, sino también sostener una lengua, una cultura y una identidad.
Desde Cuncani, su trabajo en la Educación Intercultural Bilingüe muestra que el aula puede ser un espacio donde el quechua no solo se enseña, sino que se vive y se defiende. Y en tiempos donde la visibilidad digital puede cambiar la forma en que se mira la educación rural, su voz en TikTok también abre una ventana hacia un Perú poco conocido.