Frente a la saturación de datos y la crisis ambiental, el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico inaugura una muestra que propone volver a "escuchar el paisaje" para recuperar la sensibilidad perdidaEn una era donde la información sobre el calentamiento global es abundante, pero las soluciones parecen insuficientes, surge una pregunta incómoda: si sabemos tanto, ¿por qué no podemos regular los desbordes del planeta? Esta es la premisa central de "Abecedario climático peruano", la nueva exposición que abre sus puertas en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico.
Basada en el libro homónimo editado por Xabier Díaz de Cerio (Fábrica de Ideas), la muestra no busca abrumar al espectador con estadísticas de desastres, sino rescatar el poder simbólico de las palabras en el proceso de preservar nuestro entorno natural.
La curaduría, a cargo de la artista y poeta Angelina Ferrero, plantea una tesis audaz: detrás de las crisis política, económica y climática, existe una fractura fundamental en nuestra sensibilidad.
"Quienes vivimos en la ciudad podríamos habernos acostumbrado a concebir el conocimiento como algo que se adquiere afuera (...) Esto reduce el saber a un intercambio que solo sucede entre humanos", explica Ferrero.
La exposición sugiere que la prisa moderna y el individualismo han anulado la conexión vital con la comunidad y el entorno. "Existe una obsesión por controlar el paisaje que nos impide dejarlo ser", añade la curadora, señalando la paradoja de una sociedad que, pese a tener más datos que nunca, sufre de una "ceguera y confusión colectivas".
"Abecedario climático peruano" invita a un desplazamiento hacia atrás: un retorno, un recuerdo y una deconstrucción. La propuesta busca emular la relación que tenían los ancestros con su entorno, quienes no solo habitaban el espacio, sino que lo escuchaban, olían y tocaban, manteniendo sincronizados su clima interno con el externo.
La muestra se presenta como un "pequeño paréntesis" en la rutina urbana, un espacio diseñado para dejar de lado la tecnología —simbolizada por el celular— y volver a erguir el cuerpo para mirar. Bajo la consigna de que "tal vez, pensar es escuchar", la exhibición aspira a instalar el verdadero saber en el cuerpo del visitante.