Artesanos de Huanchaco llevan tradición milenaria a todo el mundoUna técnica ancestral desarrollada en la costa norte del Perú hace más de 3.000 años hoy forma parte de bares en distintos países del mundo.
Y es que artesanos de Huanchaco, reconocidos por la construcción de los tradicionales caballitos de totora, han aplicado su conocimiento milenario en la elaboración de mobiliario sostenible que actualmente se utiliza en espacios de hospitalidad internacionales, donde son reconocidos.
La iniciativa permite que la comunidad transforme el tejido de totora, históricamente ligado a la pesca artesanal en sillas, mesas y bancas funcionales, elaboradas con fibras naturales y bajo los mismos procesos transmitidos de generación en generación.
El proyecto forma parte de Made in Huanchaco, y surge como una alternativa económica sostenible para los artesanos, en un contexto donde la continuidad del oficio enfrentaba desafíos debido a la reducción de la demanda tradicional y a la falta de oportunidades para las nuevas generaciones.
Huanchaco es uno de los pocos lugares del mundo donde aún se elaboran caballitos de totora de manera artesanal. Desde este distrito, la comunidad se ha integrado a una cadena de valor que trasciende el ámbito local, conectando su trabajo con mercados internacionales sin alterar la técnica original.
Las piezas desarrolladas no son objetos decorativos, sino mobiliario diseñado para uso comercial, que cumple estándares de resistencia y durabilidad. De esta manera, el tejido de totora se mantiene vigente como un conocimiento activo, capaz de adaptarse a nuevas aplicaciones sin perder su identidad cultural.
El proyecto no buscó modificar la tradición, sino generar un mercado que permitiera sostenerla en el tiempo.
Además del impacto económico, la iniciativa contribuye a la preservación de una práctica cultural estrechamente vinculada al uso responsable de recursos naturales y al respeto por los ciclos del entorno.
En un contexto donde la sostenibilidad suele abordarse desde la innovación tecnológica, el caso de Huanchaco demuestra que el conocimiento ancestral puede integrarse a modelos productivos contemporáneos, generando oportunidades económicas y proyección internacional para una comunidad que mantiene viva una de las tradiciones más antiguas del país.