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Noruega: El olivo entra por primera vez en la bóveda de SvalbardNoruega: El olivo entra por primera vez en la bóveda de Svalbard
02 Mar 2026 | 11:00 h

Noruega: El olivo entra por primera vez en la bóveda de Svalbard

Por primera vez, las semillas de olivo ingresaron a la Bóveda Global de Svalbard, en Noruega, el mayor banco de semillas del mundo, en un hecho considerado como «hito histórico» para su conservación genética.

Así lo confirmó Jaimo Lillo, director ejecutivo del Consejo Oleícola Internacional (COI), quien viajó hasta la instalación para depositar las muestras, en un acto simbólico en el que también participó el secretario del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, Kent Nnadozie.

Se trata de un «avance importante en la protección del patrimonio genético mundial del olivo porque esta especie emblemática de la cuenca mediterránea —que ya se cultiva en los cinco continentes— no es ajena a los grandes desafíos globales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la aparición de nuevas plagas y enfermedades», destacó el COI en un comunicado.

La iniciativa fue impulsada en el marco del proyecto europeo Horizonte 2020 Gen4Olive y promovida después por el COI, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España (MAPA).

Además, han colaborado las universidades de Córdoba y Granada, y el Centro de Recursos Fitogenéticos (CRF) del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Las semillas depositadas son «una garantía para que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando de un producto tan extraordinario como el aceite de oliva», ha señalado Lillo.

Aparte de los lotes de semillas enviados a Svalbard en sobres herméticos con la información detallada, se conserva uno en España a 18 grados centígrados bajo cero, en las mismas condiciones que en la Cúpula del Ártico.

«Las copias de seguridad que conservamos nos permiten comprobar cada diez años que el lote del material se mantiene en buen estado. Si con el paso de mucho tiempo las semillas fueran perdiendo viabilidad, podríamos sustituirlas», ha explicado el director del CRF, Luis Guasch.