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Con más de una década dedicado al desarrollo de las telecomunicaciones en diferentes países, he sido testigo del gran impacto que el acceso a Internet tiene en la vida de las personas y en el desarrollo de toda una nación. Por ello en estos años de carrera he participado activamente en promover e implementar iniciativas que lleven los beneficios de la conectividad a las comunidades que más lo necesitan.
Muchos candidatos, tantas promesas… ¿con qué brújula medimos hoy el progreso del Perú?En un país que se encamina hacia un nuevo proceso electoral, sobran las candidaturas, los diagnósticos y las promesas. Lo que sigue faltando, es una brújula compartida que permita ordenar el debate público y distinguir entre crecimiento económico y progreso real para las personas.
Esa fue precisamente la reflexión central del evento “Índice de Progreso Social: nueva brújula para el Perú”, con el liderazgo de su directora Vanessa Mohme, el trabajo sostenido de su Comité de Expertos y el compromiso del Grupo La República. El encuentro, llevado a cabo el pasado 27 de marzo, reunió en la Universidad del Pacífico a representantes del sector público, privado y académico, en un diálogo muy nutrido sobre los límites del crecimiento económico y la urgencia de mejorar la gestión pública para cerrar brechas sociales persistentes.
Durante la presentación, Jaime García, Director Regional del Social Progress Imperative, ofreció una mirada global del Índice de Progreso Social (IPS) y su utilidad práctica para la toma de decisiones. Uno de los mensajes más reiterados durante el evento fue que el crecimiento económico es una condición necesaria, pero claramente insuficiente. Sin inversión privada, empleo y dinamismo empresarial no hay recursos que redistribuir, y en ese frente las empresas vienen cumpliendo un rol clave: invierten, generan empleo, desarrollan encadenamientos productivos y, cada vez más, miden su impacto en los territorios donde operan.
Tomar decisiones basadas en el IPS puede ser de utilidad, por un lado, como herramienta de política pública, porque permite identificar con mayor precisión dónde están las brechas más críticas y orientar mejor el gasto público hacia resultados concretos y por otro, como un instrumento de gestión para las empresas, facilitando la medición de su impacto social y apoyando una gestión más informada en sus zonas de influencia.
Los datos presentados refuerzan la urgencia del debate. Según el IPS 2026, el Perú se ubica en el puesto 82 de 171 países, con un puntaje de 67,41 sobre 100, manteniéndose en el nivel de progreso “medio alto”. Los analistas advierten que el país sigue estancado y lejos de su mejor desempeño histórico, alcanzado en 2018 (puesto 66).
El reporte es especialmente crítico en algunos frentes: seguridad ciudadana, donde el Perú ocupa el puesto 129; vivienda, en el puesto 95; y acceso a agua potable y saneamiento, áreas donde las brechas siguen siendo severas. En la comparación regional, el país aparece rezagado frente a sus socios de la Alianza del Pacífico, superado por Chile (36), Colombia (47) y México (75).
El consenso del evento fue contundente: si el Perú quiere avanzar hacia un desarrollo más integral, necesita cerrar la brecha entre crecimiento económico y progreso social. Y eso pasa, necesariamente, por un Estado más eficiente, que cumpla su rol, mejore su capacidad de gestión y trabaje de manera articulada con el sector privado.
El país tiene condiciones, talento y recursos. Lo que sigue faltando es coherencia y una brújula basada en evidencia. En un contexto electoral cargado de discursos a los que no les haría ningún daño mirar este tipo de informes y tomarlos como referencia para sus propuestas, el IPS se presenta como una referencia objetiva para ordenar prioridades, elevar el nivel del debate y presentar planes que realmente mejoren la vida de las personas.