
Comercio de pescado esparce «sustancias químicas eternas» por el mundoEl comercio internacional de pescado y productos de mar se convirtió en un vector de distribución de las llamadas sustancias químicas eternas, con Europa actuando como principal centro de redistribución, señaló un reciente estudio publicado en la revista Science.
El estudio señala que el mercado global de pescado incrementa la exposición humana a las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), compuestos que preocupan a la comunidad científica porque persisten durante décadas en el ambiente y los organismos.
Los investigadores recopilaron datos durante 20 años a partir de mediciones de PFAS en el medio marino y en pesquerías. Elaboraron un mapa de las concentraciones de estos compuestos en más de 200 especies de peces que representan aproximadamente el 99% de la producción comercial mundial.
Para validar el modelo, analizaron las concentraciones de PFAS en 150 muestras de pescado de 87 especies diferentes en 14 países.
Los resultados apuntaron a que el pescado de Asia, especialmente de aguas de Arabia Saudí y Tailandia, y de la costa este de Australia contiene las tasas más altas de contaminación por sustancias químicas eternas. Las tasas más bajas se registraron en los productos del mar de África y América del Norte.
Las especies más grandes de pescado presentan los mayores niveles de contaminación por sustancias químicas eternas. Además, el pescado de agua dulce posee niveles de PFAS más altos que el oceánico.
El comercio internacional de pescado redistribuye el riesgo de exposición a los PFAS de las zonas de alta contaminación a las de baja contaminación.
Los países europeos funcionan como el principal centro de transporte y distribución de las sustancias químicas eternas. Europa, América del Norte y Australia enfrentan los niveles más altos de ingesta diaria de PFAS a través del consumo de pescado.
Pablo Gago, científico en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua en el CSIC (IDAEA-CSIC), subrayó que los resultados del estudio «encajan bien con la evidencia previa que identifica al pescado como una fuente relevante de exposición dietética a PFAS».
«Además, añade un elemento clave: la redistribución internacional del riesgo, con Europa como actor central en los flujos de exposición, incluso hacia países con niveles ambientales de estos contaminantes relativamente bajos», apuntó Gago en una reacción recogida por Science Media Centre España.
Los investigadores detectaron una disminución significativa en el riesgo medio global de exposición a PFAS tras la inclusión de varias sustancias de este tipo en el Convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes (COP) entre 2009 y 2019.
Para los autores, se trata de una prueba importante de que «las medidas reguladoras de estas sustancias funcionan».