
San Martín a punto de sincerar sus bosques: ¿Qué ganan realmente las comunidades con la nueva zonificación forestal?Durante años, la falta de claridad sobre qué áreas de la Amazonía son intocables, cuáles están degradadas y dónde se puede trabajar ha sido el caldo de cultivo perfecto para la deforestación y los conflictos sociales. Hoy, la región San Martín está a un paso de ordenar la casa: la actualización de su Zonificación Forestal ha superado el 70 % de avance, un proceso que promete cambiar las reglas del juego para quienes habitan y dependen del bosque.
El corazón de este avance es la culminación del llamado "mapa fisonómico", un trabajo conjunto entre la Autoridad Regional Ambiental (ARA) de San Martín y el Programa Bosques Productivos Sostenibles del SERFOR.
Aunque el nombre suene sumamente técnico, en la práctica es una radiografía de alta fidelidad del paisaje sanmartinense. Este mapa sincera la realidad del territorio identificando qué zonas siguen siendo bosque denso, cuáles ya han sido intervenidas por la mano del hombre y qué áreas han perdido su cobertura vegetal. Sin esta claridad, tomar decisiones justas sobre el uso del suelo es prácticamente imposible.
Para el ciudadano de a pie, esta actualización no es solo un documento más del Estado, sino una herramienta de supervivencia y paz social. Carlos Villavicencio, gerente ejecutivo del ARA San Martín, reconoció que las decisiones deben basarse en la realidad actual del territorio para generar impactos reales en la gente.
Tener el territorio mapeado y zonificado se traduce en beneficios vitales y directos para la región. Por un lado, garantiza la protección del agua al blindar legalmente las cabeceras de cuenca y las fuentes hídricas que abastecen tanto a la población como a la agricultura local. Por otro lado, esta claridad territorial es una herramienta clave para la reducción de conflictos sociales; al establecer reglas precisas sobre qué actividades —ya sean agrícolas, forestales o de conservación— están permitidas en cada sector, se logra mitigar el choque constante entre comunidades, empresas y autoridades por la ocupación y el uso del suelo.
La conservación moderna ya no trata de ponerle un candado al bosque, sino de usarlo de manera inteligente. Daniel Rivera, coordinador de SERFOR, lo dejó claro: esta zonificación es la base técnica para que las comunidades locales puedan aprovechar los recursos maderables y no maderables del bosque sin destruirlo.
Tener el territorio ordenado otorga seguridad jurídica. Esto significa que los usuarios del bosque pueden planificar negocios sostenibles a largo plazo, atrayendo inversión formal y asegurando que los recursos que les dan de comer hoy, sigan existiendo para las futuras generaciones.
El gran reto ahora, tal como se discutió en recientes jornadas con comunicadores de la región, es lograr que este "lenguaje técnico" baje al llano. El éxito de la zonificación dependerá de que el ciudadano común comprenda el mapa, se apropie de él y lo utilice para defender su territorio y su economía.