
República Sostenible impulsa foro ejecutivo sobre el Índice de Progreso Social como nueva brújula del PerúEn el Perú, el crecimiento económico suele celebrarse como una victoria automática. Pero hay una pregunta incómoda que ese entusiasmo evita: ¿por qué un país que crece no necesariamente mejora la vida de su gente?
Con esa tensión como punto de partida, República Sostenible organizó el foro ejecutivo “Índice de Progreso Social, nueva brújula para el Perú”, un espacio que reunió a actores empresariales, académicos y expertos para discutir una idea simple, pero disruptiva: medir mejor para gobernar mejor.
Esta jornada contó con el apoyo de MMG Las Bambas y Movistar, así como con la colaboración de la Universidad del Pacífico y The Social Progress Imperative. El foro inició con la intervención de Jaime García, director regional de Social Progress Imperative, seguido de un panel de expertos que incluyó a Claudio Cáceres, vicepresidente de sostenibilidad de Minera Las Bambas; Jaime Dupuy, director ejecutivo de COMEX Perú; Kurt Burneo, economista, docente e investigador de Centrum PUCP; y Matilde Schwalb, directora del Centro de Ética y Gestión Sostenible de la Universidad del Pacífico. La moderación estuvo a cargo de Carla Pennano, jefa del Departamento Académico de Marketing y Negocios Internacionales de la Universidad del Pacífico y miembro del consejo consultivo de República Sostenible.
El diagnóstico es claro. Existe una desconexión estructural entre lo que el país produce y lo que realmente entrega a sus ciudadanos. No es solo un problema de cifras. Es un problema de enfoque. Durante años, el Perú ha medido su éxito con indicadores económicos que, aunque necesarios, resultan insuficientes para capturar la realidad cotidiana de millones de personas.
El Índice de Progreso Social (IPS) introduce una lógica distinta. No pregunta cuánto crece la economía, sino cómo viven las personas. Seguridad, salud, educación, oportunidades. Variables que incomodan porque obligan a mirar donde usualmente no se quiere mirar.
Y los resultados no son alentadores. Un país que crece por encima del promedio regional, pero que cae dramáticamente en indicadores de seguridad o calidad de servicios básicos, no está avanzando: está acumulando tensiones.
El foro dejó una advertencia implícita pero contundente: seguir tomando decisiones públicas y privadas solo con métricas económicas es, en el mejor de los casos, una simplificación peligrosa; en el peor, una forma sofisticada de ignorar el problema.
Incorporar el IPS no es un ejercicio técnico. Es un cambio de paradigma. Permite orientar mejor el gasto público, evaluar con mayor rigor a las instituciones y, sobre todo, alinear la inversión privada con resultados sociales reales.
Porque el verdadero riesgo no es crecer poco. Es crecer mal.
Y cuando un país crece mal durante demasiado tiempo, lo que se erosiona no es la economía.
Es la legitimidad del sistema.