
Cambio climático: Hielo del Ártico alcanza su menor superficie de la historiaAlerta ambiental. El hielo marino del Ártico alcanzó este invierno boreal su nivel más bajo de la historia, anunció el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC), con sede en Boulder, Colorado, en los Estados Unidos.
El alarmante registro se obtuvo el 15 de marzo de 2026, una semana antes que el año pasado, con una superficie de 14,29 millones de km², apenas por debajo del récord de 2025 (14,31 millones de km²). Esta cifra marca el mínimo histórico en los 48 años de monitoreo satelital.
El hielo marino del Ártico cumple funciones críticas para la estabilidad climática global, reflejar hasta el 80% de la radiación solar. Al reducirse su superficie, el océano oscuro absorbe más calor, acelerando el calentamiento global. Asimismo, actúa como barrera que impide que el calor oceánico se libere hacia la atmósfera, estabilizando el clima ártico.
En tanto, los especialista señalaron que la pérdida de superficie helada desestabiliza la circulación atmosférica, provocando inviernos extremos en Norteamérica, Europa y Asia, o bloqueos que generan olas de calor intensas. Además, el proceso de congelación expulsa sal, creando agua fría y densa que alimenta la “cinta transportadora” oceánica global. Su reducción afecta la distribución de nutrientes y calor en todos los océanos.
La disminución del hielo marino afecta directamente a la biodiversidad. Osos polares, morsas y focas dependen del hielo para cazar, reproducirse y descansar. La falta de hielo reduce sus áreas de forrajeo y aumenta el riesgo de extinción. Asimismo, las comunidades indígenas del Ártico dependen del hielo para transporte y caza tradicional. Un piso helado más delgado y menos extenso hace que sus rutas sean peligrosas e impredecibles.
La pérdida de masa helada además altera la productividad primaria y la disponibilidad de nutrientes, afectando la base de la cadena alimentaria.
La reducción del hielo no solo es consecuencia del cambio climático, sino también un factor que lo intensifica, creando un círculo vicioso de retroalimentación, en el que menos hielo significa más calor absorbido por el océano, lo que a su vez dificulta la formación de pisos helados en los inviernos siguientes.
Los efectos de la pérdida de hielo repercuten en la estabilidad climática mundial, en la circulación oceánica y en la seguridad de millones de personas. La situación exige reforzar los compromisos internacionales de reducción de emisiones y avanzar en estrategias de adaptación que consideren los impactos globales de la transformación del Ártico.