Gigante del Asia impulsa nueva tecnología en energía sostenible.Gobierno del Gigante del Asia busca disminuir el efecto “isla de calor” en las grandes ciudades, que causan estragos en el medio ambiente y población en general.
Investigadores de la Academia China de Ciencias planteó la instalación de paneles solares en las fachadas de los edificios, una estrategia que podría reducir los costos energéticos en más de un 80% y disminuir el efecto isla de calor en las grandes ciudades.
El estudio, publicado en Nature, destaca que las superficies verticales de los entornos urbanos están desaprovechadas y podrían convertirse en fuentes masivas de energía limpia.
La propuesta, liderada por Yao Ling, estima que la instalación de paneles solares en fachadas podría generar hasta 732,5 TWh al año, equivalente al consumo eléctrico de países enteros. Además, se calcula un ahorro medio del 8,1% en el consumo eléctrico de edificios, gracias a la reducción de la demanda de refrigeración y al menor impacto de la radiación solar directa.
Este sistema no solo produciría energía, sino que también funcionaría como una capa protectora contra el sol, disminuyendo la temperatura interior de los edificios y reduciendo la necesidad de aire acondicionado en verano.
Si se desplegara de forma masiva hacia mediados de siglo, la propuesta podría reducir hasta 37,7 gigatoneladas de CO², contribuyendo de manera significativa a la lucha contra el cambio climático.
El estudio subraya que la energía fotovoltaica integrada en fachadas (FIPV) es una oportunidad aún poco explorada para mejorar la resiliencia climática urbana.
Algunas ciudades como Singapur y Hong Kong ya cuentan con edificios que integran fachadas activas energéticamente, mientras que en Europa se experimenta con vidrio fotovoltaico que sustituye al convencional. Sin embargo, persisten desafíos como el coste de inversión, la complejidad arquitectónica y normativa, y la integración con las redes eléctricas.
China es el líder mundial en energía solar, con más del 80% de la capacidad de fabricación de paneles solares y una potencia instalada que superó los 800 GW en 2024. En ese año, el país instaló más energía renovable que el resto del mundo combinado, alcanzando cerca de 887.000 millones de vatios en paneles, multiplicando por cinco la capacidad de Estados Unidos.
La energía solar es la columna vertebral de la transición energética china, ayudando a cumplir metas de descarbonización, reducir la dependencia del carbón y fortalecer la seguridad energética nacional. Innovaciones como las plantas solares flotantes en embalses y zonas costeras muestran cómo el país busca superar limitaciones de terreno y acercar la energía a los centros de consumo.
La instalación de paneles solares en fachadas representa una doble solución: producir energía limpia y reducir el consumo energético en ciudades cada vez más afectadas por el calor extremo. Con el liderazgo de China en la industria solar y el potencial global de esta tecnología, la propuesta podría convertirse en un pilar clave de la sostenibilidad urbana en las próximas décadas.
Un equipo de investigación de la Universidad del Sudeste de China ha generado un nuevo tipo de cemento que posee la característica de reflejar más del 95% de la radiación solar y emitir calor por radiación térmica, al contrario de absorberlo como sucede con los materiales tradicionales.
En contraste al cemento convencional, que absorbe la radiación infrarroja y la convierte en calor, este nuevo material ha sido diseñado con modificaciones en su composición química básica.
La mezcla incluye caliza y yeso, que tras solidificarse en moldes especiales, producen una superficie donde crecen microcristales de etringita. Estos funcionan como millones de espejos microscópicos, reflejando la luz solar y disipando el calor hacia el cielo.
En condiciones reales de ensayo, en un tejado de la Universidad de Purdue en Estados Unidos, la superficie del cemento se mantuvo 5,4 °C por debajo de la temperatura ambiente al mediodía, un dato verificado mediante sensores térmicos y cámaras infrarrojas.
Además de su capacidad para refrescar superficies, el cemento presenta una destacada resistencia mecánica y un fraguado ultrarrápido: en solo seis minutos tras su hidratación, ya puede soportar impactos sin deformarse, lo que permite acelerar obras y reducir tiempos de espera en construcción.
Las simulaciones a largo plazo, realizadas con modelos de aprendizaje automático, sugieren que este cemento podría alcanzar una huella de carbono negativa en un ciclo de vida de 70 años, absorbiendo más CO2 del que emite durante su producción y uso combinados.
Esta clase de invención es valiosa en regiones cálidas, donde el aire acondicionado representa un alto coste energético. Países como España, Brasil, México o el sur de Italia, donde los veranos son cada vez más intensos, podrían beneficiarse con su implementación.