Evento modificará los patrones climáticos a nivel mundial.Fenómeno del ‘Super niño’ se formará en el océano Pacífico, frente a las costas de Estados Unidos, que ya se encuentra en alerta.
La probable llegada de un 'Súper Niño' este 2026, que modificará los patrones climáticos a nivel global, ha puesto en alerta a Estados Unidos debido a las probables fuertes lluvias e inundaciones repentinas en la costa oeste del país y a temperaturas más altas en el este, además de que también ejercerá como un escudo protector contra huracanes en el Atlántico.
El 'Súper Niño' se diferencia de El Niño, que ocurre con intervalos de entre 2 y 7 años y consiste en un calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico ecuatorial que modifica los patrones climáticos, provocando sequías en zonas más bien húmedas y lluvias torrenciales en otras áridas.
Estas alteraciones comenzarán a observarse a partir del próximo verano en el hemisferio norte, aunque alcanzarán su máxima intensidad en invierno, según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos, que el último domingo estimó en 62% la probabilidad de que El Niño se desarrolle entre junio y agosto.
Este año podría ser aún más especial por la aparición de un 'Súper Niño' a partir de noviembre, que ocurre cuando las temperaturas oceánicas superan en más de dos grados centígrados el promedio histórico.
La NOAA precisó que hay un 25% de posibilidades de que irrumpa este fenómeno, que, sin embargo, no garantiza efectos más devastadores.
«Un ‘Súper Niño’ no necesariamente ocasionaría impactos más severos. El Niño es un componente de muchos de miles de componentes. Lo que lo hace más relevante es que es el que mejor podemos predecir», explicó a EFE Hosmay López, científico de la NOAA.
A nivel global, El Niño genera sequías e incendios en Australia y el sudeste asiático, así como fuertes lluvias e inundaciones en las costas de América, incluida la Atlántica en el caso de Estados Unidos.
«Lo opuesto ocurriría en los Grandes Llanos y en la mitad norte de Estados Unidos, donde los inviernos serían menos fríos y mucho más secos. Esto es bien importante porque en estos momentos hay una sequía continental que está afectando prácticamente a todo el país, y un invierno de El Niño la exageraría un poco más», indicó López.
Esto ocurre porque los vientos alisios, que habitualmente soplan de este a oeste y empujan el agua caliente hacia Asia y Australia, se debilitan con El Niño, traen de vuelta esa agua y favorecen la formación de nubes.
El Niño también afecta la temporada de huracanes en el Atlántico y en el Pacífico con efectos opuestos: mientras que en la costa este ejerce como inhibidor, en el Pacífico oriental, especialmente en México y Centroamérica, acelera la actividad ciclónica.
«Durante El Niño, la dirección y la velocidad de los vientos atmosféricos cambian mucho con la altura, un fenómeno conocido como la cizalladura del viento.
Eso impide que las ondas tropicales que salen de África se reorganicen en depresiones tropicales, tormentas tropicales y en huracanes», señaló el experto.
Pero el calentamiento de las aguas en el Pacífico tiene el efecto contrario, pues proporciona el combustible necesario para la formación de huracanes.
El último 'Súper Niño' ocurrió en 2015, cuando las aguas del Pacífico alcanzaron sus temperaturas más altas y se pronosticaron inundaciones masivas en California.
Sin embargo, eso no ocurrió «porque hubo otros patrones meteorológicos que no lo permitieron», y el científico señaló que pueden volver a aparecer este invierno, alterando las previsiones.
«El Niño puede ser bien fuerte, pero si hay otros eventos que ocurren de aquí al invierno o durante el invierno que también influyen, se podría manifestar un invierno totalmente diferente», aclaró.
Otros años de 'Súper Niño' ocurrieron entre 1982 y 1983 y 1997 y 1998, según el experto, quien precisó que sigue siendo objeto de estudio para comprobar cómo le afecta el cambio climático, aunque aún no se ha llegado a «respuestas conclusas».
De otro lado, en las últimas horas se anunció que durante los meses de mayo y junio arribarán tres ondas Kelvin cálidas al mar peruano, las que elevarán la temperatura superficial del agua e impulsarán el desarrollo del Fenómeno El Niño Costero en el litoral, lo que podría intensificar sus efectos hasta inicios de 2027.
Según Luis Vásquez, vocero de la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno 'El Niño' (Enfen), la evolución de este fenómeno depende de factores oceánicos y atmosféricos, con impactos inmediatos en actividades productivas y temperaturas ambientales.
El pronóstico oficial de Enfen —actualizado cada dos semanas— indica que el Fenómeno El Niño Costero actualmente presenta una intensidad débil, pero evolucionará a una fase moderada entre mayo y julio. Este cambio dependerá principalmente de la llegada de las ondas Kelvin cálidas y de la fuerza de los vientos costeros, según especificó Vásquez a Agencia Andina. De concretarse la transición, la anomalía térmica del mar, actualmente entre 1 y 1,5 °C por encima del valor normal, podría superar los 2 °C en el litoral peruano hacia el inicio del invierno.
El experto precisó que los escenarios de evolución para el Niño Costero se mantienen con una baja probabilidad de alcanzar una intensidad extrema, descartando rumores sobre un evento extraordinario en el corto plazo: “Las probabilidades de un fenómeno extremo son muy bajas con las proyecciones actuales”, afirmó Vásquez.
En las próximas semanas, tres ondas Kelvin cálidas cruzarán el océano Pacífico desde zonas occidentales hasta el litoral del Perú. Este fenómeno, confirmado por Enfen, trasladará calor y mantendrá condiciones favorables para que la superficie marina registre temperaturas superiores a su promedio histórico.