Cuatro países de la región siguen siendo epicentro del fenómeno.Deforestación global cayó 36 %, pero la minería, la agricultura y los incendios mantienen a Brasil, Bolivia, Perú y Colombia como el epicentro de la crisis climática.
Un reciente informe revela que la pérdida de bosques primarios en los trópicos cayó un 36% a nivel mundial en 2025, en comparación con el récord devastador del año anterior. Según los últimos datos del laboratorio GLAD de la Universidad de Maryland, publicados por Global Forest Watch (GFW), aunque este respiro es alentador, el planeta sigue bajo presión ecológica. El año pasado se perdieron 4,3 millones de hectáreas de estos ecosistemas vitales, el equivalente a talar 11 campos de fútbol por minuto, lo que mantiene a la región sudamericana como el epicentro del riesgo climático mundial.
Tal como advierte la iniciativa Paskay, Brasil, Bolivia, Perú y Colombia concentran actualmente los puntos más críticos de toda Latinoamérica. En el panorama nacional, el informe de GFW señala que el Perú logró reducir la pérdida de sus bosques primarios en un 8% entre 2024 y 2025. Sin embargo, a pesar de esta leve mejoría, el país no logra salir de la lista negra y se mantiene como la quinta nación con mayor pérdida de cobertura forestal a nivel mundial.
Los motores de la deforestación en territorio peruano están claramente identificados: la minería ilegal, la expansión agropecuaria y los fenómenos climáticos extremos. El documento detalla que la tala responde, en gran medida, a la expansión de cultivos de exportación como el cacao y la palma de aceite, así como al avance de las actividades extractivas ilícitas. Un dato que ilustra la gravedad del problema es que la extracción de oro fue la causante del 33% de la pérdida de bosques primarios en Madre de Dios durante las últimas dos décadas.
Frente a esta realidad, el pronunciamiento de la organización Paskay llama a no bajar la guardia y reconoce que los avances existen, pero no están asegurados. La entidad exige escalar urgentemente soluciones basadas en el mercado, fortalecer la trazabilidad de los productos y apostar por estrategias regionales sostenidas. Además, recuerda que proteger los ecosistemas no es solo un tema de conservación, sino también una oportunidad para liderar la acción climática global.
El comportamiento de los países vecinos demuestra que la intervención estatal decidida puede cambiar el rumbo de la Amazonía. Brasil fue el principal motor de la reducción global, al disminuir en 42% la pérdida de sus bosques primarios. Este hito se asocia directamente con la aplicación de políticas ambientales más estrictas, la reactivación del plan PPCDAm y un incremento de 81% en las infracciones impuestas por el organismo ambiental (IBAMA) bajo la actual administración gubernamental.
Colombia también mostró un escenario de recuperación al reducir sus pérdidas forestales en 17%. Este avance se ha visto apoyado por nuevas resoluciones y normativas nacionales que otorgan concesiones forestales a las comunidades rurales. A ello se suma el reconocimiento de amplios territorios indígenas para su autogobierno, lo que empodera a las poblaciones locales en la defensa de sus recursos naturales y en el freno de la tala indiscriminada.
En la otra cara de la moneda se encuentra Bolivia, que registró un escenario catastrófico al alcanzar su segundo nivel histórico más alto de pérdida forestal. El país andino superó incluso a la República Democrática del Congo para ubicarse como la segunda nación con