Opinión

Inteligencia artificial y democracia: oportunidades y desafíos

La inteligencia artificial ofrece oportunidades para el Perú, pero también plantea riesgos para la democracia. Manuel Cipriano analiza cómo los deepfakes y la desinformación pueden afectar la confianza ciudadana.

  • 2 Nov. 2026
  • 3:19 p. m.
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Inteligencia artificial y democracia: oportunidades y desafíos
La inteligencia artificial plantea nuevos desafíos para identificar contenidos manipulados y proteger la confianza ciudadana.

¿Qué ocurre con la democracia cuando ya no podemos confiar en lo que vemos y escuchamos? La posibilidad de crear o alterar videos, audios e imágenes mediante inteligencia artificial (IA) plantea un desafío que va más allá de la tecnología. También afecta las condiciones en las que la ciudadanía se informa y decide. Por tanto, no basta únicamente con distinguir lo verdadero de lo falso, además debemos preservar la confianza pública sin renunciar a las oportunidades que la tecnología nos brinda.

La IA puede contribuir al desarrollo económico y social del Perú, objetivo que recoge la Ley N° 31814. Sus posibles aplicaciones abarcan la tutoría personalizada en la educación, el apoyo a la detección temprana de enfermedades, la mejora de los servicios públicos y las alertas ante desastres, entre otras. Pero, aprovecharlas exige más que incorporar las herramientas tecnológicas. También  requiere educación, respeto de los derechos y criterios para identificar responsabilidades.

En el ámbito democrático, la experiencia de vTaiwan ofrece una interesante referencia. Este proceso de consulta, que hace uso de la IA, recoge opiniones para identificar puntos de consenso entre quienes van a decidir sobre una propuesta. Ayuda a ordenar el debate y a encontrar consensos. Es una forma de apoyar la deliberación, no de sustituirla.

Pero la misma tecnología puede utilizarse para desinformar y debilitar la confianza en las elecciones. Los deepfakes, contenidos que simulan la imagen o la voz de una persona, son de uso frecuente. En Eslovaquia, en las elecciones de 2023, circuló un audio falso que presentaba a un candidato acusando de fraude electoral. Si bien no se verificó el daño directo de ese audio, el candidato afectado, favorito de las encuestas, terminó perdiendo.

Otro caso similar ocurrió en el 2024 en EE.UU., cuando comenzaron a presentarse unas llamadas con la voz clonada con IA (robocalls) del expresidente Biden, pidiendo a votantes de New Hampshire no ir a votar y  reservar su voto. El caso terminó en los tribunales con una multa de 6 millones de dólares al causante de dichas llamadas.

El Perú tampoco está al margen de este problema. En diciembre de 2025, el Jurado Nacional de Elecciones había detectado 250 alertas de desinformación en las elecciones de 2026. El organismo explicó que empleaba una plataforma apoyada en IA (social listening) para monitorear contenidos en redes. Así se demuestra cómo la tecnología también puede ayudar a combatir la desinformación.

Hay, además, un riesgo menos visible y es que la existencia de falsificaciones sirva de excusa para negar pruebas auténticas. Es lo que se conoce como el dividendo del mentiroso (liar’s dividend). Por tanto, ahora el daño no consiste únicamente en hacer creíble una mentira, sino también en volver discutible la misma verdad.

¿Qué podemos hacer? Al Estado le corresponde fortalecer las reglas y los mecanismos de control frente a los deepfakes y la manipulación electoral, con respeto a la libertad de expresión, a fin de no censurar opiniones. A los medios y las plataformas les toca asumir responsabilidades de verificación y transparencia. Pero, sobre todo a los ciudadanos, nos corresponde educarnos en los temas que conlleva el uso de la IA, como la utilización de herramientas de verificación, para evitar ser engañados.

En ese sentido, la educación digital es una tarea urgente. Aprender sobre la IA no se trata de rechazarla ni de confiar ciegamente en ella, sino de ponerla al servicio de una ciudadanía informada. La tecnología seguirá evolucionando constantemente; pero nuestros principios como la igualdad, la libertad y la participación deben seguir orientando nuestras decisiones.

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