


Cuando alguien decide construir su vivienda por primera vez, suele enfrentarse a una duda que parece simple, pero que puede cambiar por completo el resultado del proyecto: ¿a quién contrato primero? El error más común al empezar a construir una casa es justamente no respetar el orden entre arquitecto, ingeniero civil y constructora, lo que termina generando gastos innecesarios, cambios en plena obra y decisiones apresuradas. Por eso, antes de avanzar, es importante entender qué hace cada profesional y cómo se complementan.
En el proceso de construcción, cada especialista cumple una función específica. El arquitecto es quien da forma al proyecto desde el inicio. Se encarga del diseño de la vivienda, la distribución de los espacios, la elaboración de planos arquitectónicos y la gestión de permisos municipales. En pocas palabras, traduce las ideas del propietario en un proyecto habitable, funcional y estéticamente pensado.
El ingeniero civil o estructural entra después para asegurar que ese diseño sea viable y seguro. Su trabajo consiste en calcular la estructura de la vivienda, definir cimentaciones y sistemas constructivos, y garantizar que la casa resista adecuadamente el peso, el uso y las condiciones del entorno. La constructora es la encargada de ejecutar la obra. Organiza la mano de obra, gestiona materiales y lleva los planos a la realidad. En algunos casos, también ofrece servicios integrales que incluyen diseño y construcción en un solo paquete.
Uno de los puntos más importantes en cualquier proyecto de vivienda es el orden en que se contratan los profesionales. Seguir una secuencia adecuada permite evitar improvisaciones y optimizar el presupuesto.
La recomendación general es iniciar con el arquitecto, ya que es quien define el diseño completo del proyecto. A partir de ese punto, el ingeniero civil complementa con el cálculo estructural y la constructora se encarga de la ejecución. Saltarse este orden puede generar modificaciones costosas durante la obra.
Aunque es posible, no es lo más recomendable. Construir sin un diseño arquitectónico previo suele provocar problemas de distribución, cambios durante la obra y dificultades para obtener permisos municipales. Esto puede terminar encareciendo el proyecto.
En promedio, los honorarios de un arquitecto representan entre el 8% y el 15% del costo total de la obra. Sin embargo, su participación puede evitar errores de diseño que, a largo plazo, resultan mucho más costosos que la inversión inicial.
En construcción, el orden sí importa. El error más común al empezar a construir una casa no está en el terreno ni en el presupuesto, sino en no saber a quién contratar primero. Entender el rol del arquitecto, del ingeniero civil y de la constructora permite avanzar con mayor claridad, evitar improvisaciones y asegurar que el proyecto se ejecute tal como se imaginó desde el inicio.
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