


La inteligencia artificial está transformando la educación, pero persiste una preocupante brecha formativa entre géneros. Un estudio en Qatar revela que las adolescentes enfrentan mayores obstáculos en este ámbito.
La inteligencia artificial ya influye en la escuela, pero su aprendizaje no avanza igual para todos. En el caso de muchas adolescentes, la IA en educación sigue asociándose a barreras culturales, falta de referentes y menor confianza inicial. Comprender esta brecha en el aprendizaje de IA es clave para diseñar estrategias más inclusivas.
Un estudio dirigido por Zubair Ahmad en Qatar con más de setecientos alumnos de secundaria de diversas procedencias (Asia, África, Europa y Oriente Medio) reveló que las adolescentes obtienen peores notas en IA debido a factores culturales. Ahmad enfatiza que esto no pertenece a una sola nacionalidad, sino a una percepción generalizada.
La escasez de modelos femeninos afecta su autopercepción: entran apasionadas, pero muchas abandonan tras un año en informática o robótica por falta de referentes visibles. Además, el informe anual 'Brecha digital de género de 2025', realizado por Red.es, refleja que en España solo el 17,5% de los empleos STEM correspondían a mujeres en 2023, apenas sobre la media europea (17,4%).
La experta en tecnologías educativas, Estefanía Hita, aclara que no es un problema de capacidad, sino de trayectoria: las alumnas llegan con menos confianza y experiencias previas.
A esto se suma la vulnerabilidad en internet registrada por el informe de Red.es en 2024: el 40,7% de mujeres desconfía del entorno digital, solo el 25,7% se siente preparada ante amenazas cibernéticas (frente al 38,7% de los varones) y sufren el 67,8% de los delitos sexuales online, sumando temores actuales como la creación no consentida de imágenes íntimas de menores mediante IA.
Para cerrar esta distancia, Hita defiende el aprendizaje práctico: la confianza se construye haciendo, creando herramientas de IA con acompañamiento directo para perder el miedo a equivocarse y mejorar.
Paralelamente, Ahmad insta a rediseñar el modelo pedagógico atendiendo factores psicológicos y sociales, generando espacios donde las estudiantes desarrollen su enorme potencial sin comparaciones ni barreras. Ambos expertos coinciden en buscar el equilibrio: no ver la IA solo como una amenaza, sino enseñarla con criterio para que mejore el aprendizaje y las jóvenes no sientan que este terreno les resulta ajeno.
Cerrar esta brecha implica enseñar a las adolescentes no solo a utilizar la IA, sino también a comprender sus alcances, riesgos y responsabilidades. En ese camino, la formación en ética, como la impulsada por UNESCO y Coursera, resulta clave para desarrollar un uso crítico y consciente de estas herramientas desde las aulas. Así, la tecnología puede convertirse en un espacio de aprendizaje y creación donde más jóvenes se sientan capaces de participar y aportar.



