


Abordar textos académicos extensos puede ser complicado, pero la lectura crítica y activa es esencial para mejorar la retención de información. Según Susan Gilroy de Harvard, esta estrategia eficaz de lectura académica se apoya en seis hábitos clave.
Abordar textos académicos extensos puede convertirse en un dolor de cabeza cuando solo se busca avanzar de página en página sin asimilar el contenido. Frente a esto, la lectura crítica y la interacción activa con los textos se vuelven fundamentales para el desarrollo intelectual. Según Susan Gilroy, bibliotecaria de los programas de escritura de la Universidad de Harvard, existen seis hábitos clave que permiten procesar la información a un nivel más profundo y mejorar la retención a largo plazo.
Antes de iniciar la lectura línea por línea, es fundamental realizar un vistazo previo para entender el alcance y propósito del material. Más allá de calcular la extensión del texto, conviene revisar elementos clave como las notas al pie, el resumen introductorio, la estructura de las secciones y el perfil o afiliación del autor. Esta visión general ayuda a enfocar la mente, anticipar el nivel de exigencia que requerirá la lectura y preparar mejores argumentos para debatir en clase.
Subrayar con resaltador amarillo suele generar una falsa sensación de aprendizaje pasivo. Harvard sugiere reemplazarlo por un bolígrafo o lápiz para interactuar directamente con la página:
La mejor prueba de haber comprendido un concepto es poder explicarlo con palabras propias. Para lograrlo, la especialista de Harvard recomienda combinar tres ejercicios:
El lenguaje seleccionado por un autor revela lo que considera más importante. Prestar atención a palabras recurrentes, imágenes que se repiten o adjetivos constantes permite identificar la postura ideológica del especialista, sus enfoques principales o posibles sesgos en la investigación.
Ningún texto se escribe en el vacío. Para lograr una comprensión madura, es necesario analizar bajo qué circunstancias históricas, culturales o sociales se elaboró la obra. Asimismo, se debe contrastar la postura del autor con la propia experiencia y el bagaje previo del lector.
Para consolidar el aprendizaje, es clave relacionar la lectura actual con otros textos leídos previamente. Evaluar en qué puntos coinciden, dónde se contradicen y cómo enriquecen la visión general del tema ayuda a construir un criterio analítico propio.
Además de estos seis hábitos fundamentales, existen otras técnicas complementarias que pueden potenciar la retención de datos. Descubre por qué incorporar la lectura en voz alta durante el estudio puede ayudarte a procesar la información de forma más ágil y reforzar tu rendimiento académico.



