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22 Jul 2025 | 16:36 h
En un mundo cada vez más expuesto a la fuerza y embates del cambio climático, la conversación sobre la energía no debe tratar solo de cuestiones económicas y ambientales, porque es también un pilar para la resiliencia y la reducción de la vulnerabilidad social.
Mientras comunidades enteras enfrentan inundaciones, sequías y otros fenómenos extremos que muestran una crudeza sin precedentes, la búsqueda de soluciones sostenibles es una prioridad mundial que debe tomarse muy en serio.
En este contexto, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, se centra en una historia esperanzadora que surge en medio de la devastación y la inestabilidad climáticas actuales: la de una nueva era de energía limpia. Y esboza un argumento convincente y avalado por pruebas de por qué es inevitable una transición justa de los combustibles fósiles hacia las energías renovables, y los enormes beneficios que aportará a las personas y las economías.
Desde Vulnerabilidad Cero, concordamos en que la energía limpia no es solo una alternativa, también es una herramienta crucial para empoderar a las poblaciones desfavorecidas, garantizar el acceso a la electricidad y fortalecer su capacidad de adaptación frente a la crisis climática.
La energía ha marcado la trayectoria de la humanidad, que logró dominar el fuego, aprovechar el vapor, dividir el átomo. Nos hallamos ahora en el albor de una nueva época: el sol alumbra el inicio de una era de energía limpia.
El año pasado, casi toda la nueva capacidad instalada correspondió a energías renovables y las inversiones en energía limpia se dispararon hasta alcanzar los 2 billones de dólares, es decir, 800.000 millones más que en combustibles fósiles.
La energía solar y la energía eólica son ahora las fuentes de energía más baratas de la Tierra, y los sectores de energías limpias están creando empleos, impulsando el crecimiento y potenciando el progreso, a pesar de que los combustibles fósiles siguen recibiendo subvenciones mucho mayores.
Los países que se aferran a los combustibles fósiles no están protegiendo su economía, sino saboteándola, minando la competitividad y desperdiciando la mayor oportunidad económica del siglo XXI.
La energía limpia también aporta soberanía y seguridad energéticas. Los mercados de combustibles fósiles están a merced de las bruscas fluctuaciones de los precios, la disrupción del suministro y las tensiones geopolíticas, como se comprobó cuando Rusia invadió Ucrania. Por el contrario, ni la luz solar sube bruscamente de precio ni el viento está sujeto a embargos, y casi todas las naciones tienen suficientes recursos renovables para autoabastecerse de energía.
Finalmente, la energía limpia estimula el desarrollo, porque puede llegar a los cientos de millones de personas que aún viven sin electricidad de forma rápida, asequible y sostenible, sobre todo gracias las tecnologías solares en pequeña escala y fuera de la red.
Por todos estos motivos, la era de la energía limpia es imparable. Pero la transición aún no se está haciendo con suficiente rapidez ni justicia y está dejando atrás a los países en desarrollo. Los combustibles fósiles continúan dominando los sistemas energéticos, y las emisiones siguen aumentando, cuando deberían caer en picado para evitar las peores consecuencias de la crisis climática.
Tenemos al alcance de la mano una nueva era energética, una era en que la energía barata, limpia y abundante impulsará un mundo rico en oportunidades económicas, las naciones tendrán la seguridad de la autonomía energética y el don de la electricidad será un don universal.
Este es el momento oportuno para impulsar el cambio global. Tenemos que aprovecharlo.
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