


La construcción tradicional empieza a incorporar una tecnología que hasta hace pocos años parecía reservada para fabricar pequeños objetos: la impresión 3D de hormigón. Uno de los emprendedores que impulsa este sistema en Argentina es Mateo Salvatto, cofundador de Grondplek, una empresa especializada en impresión 3D de concreto aplicada a la construcción y que trabaja en proyectos urbanos, rurales, residenciales y de ingeniería.
Salvatto también es conocido por haber creado Háblalo, una aplicación tecnológica orientada a facilitar la comunicación de personas con dificultades del habla. Ahora, junto con sus socios, apuesta por llevar la fabricación digital al sector de la construcción. Grondplek es distribuidora oficial de las máquinas de la empresa danesa Cobod para Argentina, Uruguay y Paraguay y trabaja junto con Techint en la aplicación de esta tecnología.
El avance no ocurre únicamente en Sudamérica. En 2025 se inauguró en Texas un local de Starbucks construido mediante impresión 3D, mientras que en Japón se fabricó una estación ferroviaria con esta tecnología en aproximadamente seis horas. En Estados Unidos, además, avanzan proyectos residenciales en los que las viviendas se construyen utilizando este sistema.
A diferencia de una impresora convencional, este tipo de maquinaria trabaja a gran escala y utiliza hormigón como materia prima. El modelo empleado por Grondplek tiene aproximadamente 11 metros de largo por 11 metros de ancho y alcanza los 7 metros de altura. El sistema cuenta con una planta mezcladora compacta que prepara el material y lo conduce mediante una bomba y una manguera hasta el cabezal impresor. Desde allí, el concreto se deposita siguiendo un diseño establecido y va formando la estructura capa por capa.
La mezcla está compuesta por cemento y un 2% de aditivos. Estos pueden incluir plastificantes y acelerantes disponibles en el mercado, mientras que la proporción puede ajustarse de acuerdo con factores como la temperatura y las condiciones de funcionamiento de la máquina. Durante la impresión también se realizan cortes entre las capas para permitir el fragüe del material, proceso mediante el cual el concreto pierde su plasticidad y adquiere resistencia.
La tecnología no significa que una vivienda quede completamente terminada al retirar la impresora. El equipo se concentra en la denominada obra gris, es decir, en los elementos principales elaborados con hormigón. En este proceso pueden construirse la estructura, paredes, escaleras, canteros e incluso mesadas. Posteriormente se incorporan las instalaciones, revestimientos, acabados y demás elementos necesarios para convertir el espacio en una vivienda habitable.
Una de las principales ventajas está en el control sobre la cantidad de material. En lugar de utilizar hormigón de manera convencional y generar sobrantes, la máquina deposita el concreto directamente en las zonas previstas. Esto permite reducir los residuos y hacer más eficiente el proceso constructivo.
La tecnología también abre la puerta a diseños diferentes a los de una obra tradicional. Las viviendas pueden incorporar curvas y contracurvas, además de doble pared con cámara de aire, características que favorecen el aislamiento y pueden contribuir a una mayor eficiencia energética.
Uno de los datos que más llama la atención es la velocidad. Una vivienda de 120 m² puede tener su obra gris lista en 48 horas, de acuerdo con Grondplek. La empresa también plantea que el sistema tiene potencial para reducir hasta 30% el costo de construcción de una vivienda, aunque el resultado depende de las características y condiciones de cada proyecto.
La compañía señala además que ya imprimió más de 500 m² de hormigón y produjo más de 1.400 piezas, con una reducción de 35% en el tiempo destinado a la obra gris. Sin embargo, estos plazos no significan que una persona pueda mudarse a la vivienda después de dos días. La impresión corresponde a una parte del proceso y todavía deben completarse las instalaciones y terminaciones.
La incorporación de estas máquinas no supone eliminar por completo la mano de obra. Por el contrario, modifica las funciones dentro de la obra y permite reducir algunas de las tareas más pesadas, como el traslado y levantamiento constante de materiales. La operación y supervisión de la impresora, así como las instalaciones y terminaciones posteriores, continúan requiriendo trabajadores. En palabras de Salvatto, la tecnología no busca reemplazar a los trabajadores, sino modificar las tareas que realizan.
El uso de estas máquinas tampoco se limita a las viviendas. Su capacidad para instalarse directamente sobre un terreno permite llevarlas a proyectos de ingeniería civil y minería. Por ahora, el modelo utilizado por Grondplek permite construir edificaciones de hasta 3 plantas, aunque ya existen sistemas con guías horizontales que permiten imprimir módulos de manera consecutiva.
El proyecto comenzó en 2021, cuando Salvatto y sus socios empezaron a buscar fabricantes de esta tecnología. Tras recorrer Europa, encontraron en Copenhague, Dinamarca, las máquinas de Cobod que buscaban y posteriormente se convirtieron en sus distribuidores oficiales en la región.
La llegada de esta tecnología marca así un cambio en una industria que durante décadas ha dependido de procesos manuales y materiales tradicionales. La impresión 3D de hormigón todavía tiene límites por superar, pero ya dejó de ser una idea experimental para convertirse en una herramienta que busca hacer las obras más rápidas, eficientes y automatizadas.
Si te interesó esta nota sobre la impresión 3D de hormigón y las nuevas tecnologías que están transformando la construcción, puedes leer más sobre innovación, vivienda e infraestructura en Metro Cuadrado.



