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16 Sep 2026 | 17:49 h
Las pruebas estandarizadas evidencian que el rezago académico en la educación secundaria tiene raíces en el aprendizaje infantil, afectando a más de 300 millones de niños globalmente, según la UNESCO.
Las pruebas estandarizadas y los debates sobre la educación secundaria suelen omitir una realidad clave: el aprendizaje infantil define buena parte del rendimiento futuro. El verdadero origen del rezago académico se forma en la primera infancia, mucho antes de que los jóvenes lleguen a la adolescencia.
Cada vez que se publican los resultados de evaluaciones como PISA, la discusión gira en torno a la capacitación docente y las reformas curriculares. Sin embargo, se ignora una cifra alarmante: más de 300 millones de niños en el mundo (37% de la población infantil) no alcanzarán competencias lectoras mínimas a los 10 años, según datos del Banco Mundial y la UNESCO. El problema no nace en la secundaria; hunde sus raíces en los primeros años de vida.
El aprendizaje inicia desde el nacimiento y depende directamente de las condiciones de desarrollo temprano. Informes de UNICEF, la OMS y el Banco Mundial alertan que 148 millones de niños sufren retraso en el crecimiento debido a la malnutrición y la pobreza extrema.
Esta combinación genera lo que la ciencia denomina estrés tóxico, un fenómeno que altera irreversiblemente la arquitectura neurobiológica del cerebro infantil, haciendo inútiles los intentos de remediación tardía en la adolescencia.
Atribuir el fracaso educativo únicamente a los profesores es desconocer la evidencia científica y la responsabilidad del Estado. Ante este panorama, declaraciones internacionales como la de la OMEP y la UNESCO exigen un cambio radical: destinar al menos el 10 por ciento del presupuesto público educativo a la primera infancia. Solo con políticas intersectoriales que garanticen salud preventiva, nutrición y apoyo a las familias podremos cortar de raíz las desigualdades que PISA termina por reflejar.
Los primeros años, por tanto, son una etapa fundamental para sentar las bases del aprendizaje y reducir las brechas que pueden acompañar a una persona durante su etapa escolar. Pero, además de garantizar una buena alimentación, salud y cuidado, también es importante ofrecer a los niños oportunidades para desarrollar nuevas habilidades.
En ese camino, el acceso a la tecnología puede convertirse en una herramienta de aprendizaje. Un ejemplo es la iniciativa del INABIF que implementó un espacio tecnológico pensado para que los niños puedan explorar, aprender y desarrollar sus capacidades desde edades tempranas.