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26 Dic 2025 | 17:51 h
Cuando llegan las vacaciones de verano, muchas familias se hacen la misma pregunta: ¿hay que llenar la agenda de los niños con talleres y actividades o dejarlos descansar sin horarios? Lejos de los extremos, los especialistas coinciden en que este periodo puede convertirse en una gran oportunidad para el bienestar emocional y el aprendizaje natural, sin presión ni tareas escolares.
La idea de que aprender solo ocurre frente a un cuaderno es un mito. Según especialistas en educación, el descanso cumple un rol clave en el desarrollo infantil: estimula la creatividad, refuerza la motivación y permite que los niños regresen al colegio más enfocados y seguros. El aprendizaje no se detiene, solo cambia de forma.
Leer durante las vacaciones no tiene que parecer una obligación. Cuentos, cómics, revistas o incluso recetas pueden convertirse en momentos de disfrute compartido. Más que la cantidad de páginas, lo importante es que la lectura sea placentera y genere conversación, fortaleciendo el vínculo familiar y la imaginación.
Cocinar juntos, organizar una salida familiar, armar un huerto o planificar pequeños gastos son experiencias que desarrollan habilidades matemáticas, pensamiento crítico y autonomía. Son aprendizajes prácticos que los niños incorporan sin sentir que están “estudiando”.
Después de un año escolar lleno de clases virtuales y tareas digitales, el verano puede ser el momento ideal para explorar intereses fuera de las pantallas. En lugar de imponer prohibiciones, conversar y acordar tiempos ayuda a que los niños participen activamente en la decisión y descubran alternativas como juegos, manualidades o actividades al aire libre.
Mover el cuerpo todos los días tiene beneficios directos en la memoria, la regulación emocional y el bienestar general. No se trata de entrenamientos exigentes: una hora de juegos, deportes o paseos es suficiente para que los niños liberen energía y mantengan rutinas saludables.
Los programas de vacaciones pueden ser una excelente opción si conectan con los gustos reales de los niños. Arte, ciencia, robótica, música, escritura o deportes funcionan mejor cuando ellos participan en la elección. La motivación nace cuando el aprendizaje se siente propio y no impuesto.
Durante el verano, más que exigir resultados, conviene priorizar algunos principios básicos:
Las vacaciones no son una extensión del año escolar. Son un espacio para aprender de otra manera: con libertad, curiosidad y disfrute. Cuando el bienestar emocional está presente, el aprendizaje fluye solo y la motivación se mantiene viva para el regreso a clases.
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