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13 Jul 2026 | 12:26 h
El encuentro internacional se convirtió en una vitrina para mostrar la identidad y riqueza cultural del país.
El 27.º Congreso Mundial de Minería (WMC 2026) colocó a nuestro país en el epicentro de las grandes decisiones de la industria. Sin embargo, este evento trascendió las mesas de diálogo y los debates especializados para convertirse en una muestra de nuestra herencia cultural. Durante cuatro días, Lima y las principales regiones del país compartieron su cultura con una audiencia internacional.

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Desde el primer momento, los más de 5.500 asistentes de 55 países advirtieron que este congreso sería distinto. La ceremonia de inauguración destacó por una puesta en escena de la Asociación Cultural D1, bajo la dirección de Vania Masías, en la que la danza contemporánea se fusionó con ritmos ancestrales.
El cierre reunió el talento de Fabiola de la Cuba y Lucho Quequezana, quienes presentaron un espectáculo que integró música y tradición, y dejó una marca en la memoria de los asistentes extranjeros.
La planificación favoreció el posicionamiento del país al hacer coincidir el World Mining Congress 2026 con la celebración del Inti Raymi. Esta festividad aportó un marco de misticismo y simbolismo a los días del encuentro.
Los profesionales extranjeros no solo escucharon hablar de nuestra historia en los paneles, sino que también pudieron acercarse a tradiciones vivas que distinguen al Perú.
La experiencia no se limitó a los recintos de conferencias. A propósito de las visitas técnicas a operaciones como Cerro Verde, la organización diseñó circuitos turísticos estratégicos. Así, un grupo de expertos internacionales tuvo la oportunidad de conocer Machu Picchu, una de las siete maravillas del mundo moderno, mientras otra delegación recorrió paisajes y sitios arqueológicos del Valle Sagrado de los Incas, en Cusco. Esto permitió mostrar que el desarrollo técnico y el orgullo por el patrimonio histórico pueden complementarse.
La experiencia del WMC 2026 demostró que el desarrollo también puede ir de la mano con la protección de la identidad cultural. Impulsar espacios donde empresas, instituciones y comunidades trabajen juntas permite que el patrimonio siga vivo y se proyecte hacia nuevas generaciones, una visión que también promueve la Unesco a través de iniciativas que buscan involucrar al sector privado en la defensa y difusión de la cultura.