depresión mujer

Los casos de depresión en el país subieron 15%, siendo las mujeres y los jóvenes los grupos más impactados

15 Ene 2026 | 14:58 h

El Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, que se conmemora cada 13 de enero, encuentra al Perú frente a un panorama preocupante. Las cifras oficiales revelan que el problema continúa en ascenso y afecta con mayor fuerza a determinados grupos de la población. De acuerdo con la Sala Situacional de Problemas de Salud Mental del Ministerio de Salud (Minsa), durante el 2025 se reportaron 12.718 diagnósticos de episodios depresivos moderados y severos, lo que representa un aumento del 15% respecto al año anterior.

Para los especialistas, este crecimiento no responde a un hecho aislado, sino a una combinación de factores médicos, sociales y culturales que vienen deteriorando de manera sostenida la salud mental de la ciudadanía.

Mujeres y jóvenes, los más afectados

Los registros del sistema de salud evidencian una brecha persistente por género. En 2024, tres de cada cuatro atenciones por depresión correspondieron a mujeres, una tendencia que se mantiene en los datos más recientes. La psiquiatra July Caballero, vocera del Minsa, señala que esta diferencia no tiene una causa única, sino que responde a una interacción de factores biológicos, psicológicos y, principalmente, sociales.

Según explica, la disparidad comienza a hacerse visible desde la adolescencia y está estrechamente relacionada con condiciones estructurales como la mayor exposición de las mujeres a situaciones de violencia, desigualdad y estereotipos que limitan sus oportunidades. Estas circunstancias, advierte, incrementan significativamente el riesgo de desarrollar cuadros depresivos.

En cuanto a la edad, los jóvenes concentran una proporción relevante de los casos atendidos. Durante el 2025, aproximadamente el 26% de las personas que recibieron atención por depresión tenía entre 18 y 29 años, mientras que los adolescentes representaron cerca del 14%. A este escenario se suma un dato alarmante: el último año se contabilizaron 4.053 intentos de suicidio, lo que supone un incremento del 26% frente al 2024, con mayor incidencia en personas de entre 15 y 24 años.

Universidades: exigencia académica y desgaste emocional

Esta realidad se manifiesta con especial claridad en el ámbito universitario. El II Estudio de Salud Mental en Universitarios del Consorcio de Universidades, realizado a 6.978 estudiantes, revela que tres de cada diez presentan síntomas severos o extremadamente severos de depresión, y cerca de cuatro de cada diez reportan ansiedad severa. No obstante, más de la mitad de los encuestados considera que su desempeño académico es bueno o muy bueno.

Para el psicólogo social Jorge Yamamoto, esta aparente contradicción es una de las señales más preocupantes. Asegura que, a nivel global, se observa un crecimiento acelerado de la ansiedad y la depresión, especialmente en la generación Z. Entre los factores que impulsan este fenómeno, menciona el uso excesivo de redes sociales, que mantiene al cerebro en un estado constante de sobreestimulación. Cuando esa estimulación deja de resultar gratificante, explica, emergen la frustración, la ansiedad y los síntomas depresivos.

Yamamoto advierte que el hecho de que muchos estudiantes continúen cumpliendo con sus responsabilidades no debe interpretarse como un indicador de bienestar. A su juicio, la normalización del malestar emocional y la flexibilización de exigencias en algunos entornos educativos pueden estar ocultando un deterioro más profundo. Por ello, subraya la urgencia de implementar políticas de prevención temprana y regular el uso de redes sociales desde edades tempranas.

Factores sociales que agravan el problema

Desde el Minsa, Caballero recuerda que la pandemia y la etapa posterior dejaron secuelas importantes en la salud mental, pero aclara que no son los únicos elementos en juego. La violencia comunitaria, la inseguridad ciudadana, la precariedad laboral y la falta de oportunidades también actúan como determinantes sociales que elevan el riesgo de desarrollar depresión.

Las cifras de atención reflejan esta presión constante sobre el sistema de salud. En 2025 se registraron cerca de 225.000 casos y más de 1,3 millones de atenciones por depresión en los servicios públicos. Si bien el 74% de los casos fue atendido en el primer nivel de atención —centros de salud y centros de salud mental comunitarios—, la demanda continúa en aumento.

Factores como la violencia social, la criminalidad, influyen directamente en el desarrollo de la depresión.

Una enfermedad que no siempre es visible

La especialista en Neurodesarrollo y Psicología Infantil Sheyla Sanez sostiene que el incremento de la depresión no es producto del azar y que la prevención debe comenzar desde la infancia. Advierte que padres y docentes deben prestar atención a señales tempranas, ya que la depresión no siempre se manifiesta como tristeza evidente, sino a través de cambios más sutiles, como irritabilidad, dificultades conductuales, impulsividad, bajo rendimiento académico, aislamiento social o alteraciones en el apetito.

Asimismo, los especialistas coinciden en que muchos casos no se expresan mediante un deterioro funcional evidente. Por el contrario, numerosas personas continúan estudiando, trabajando y cumpliendo con sus obligaciones, lo que dificulta la detección oportuna. El neurólogo Juan José Pereyra, médico en Adium Perú, advierte que uno de los errores más comunes es asociar la depresión únicamente con la tristeza profunda.

En los casos de depresión de alta funcionalidad, explica, algunas personas recurren a la hiperactividad laboral o al cuidado excesivo de otros como mecanismos de evasión emocional. Esta demora en identificar el problema puede tener consecuencias graves, ya que deteriora progresivamente la calidad de vida y aumenta el riesgo de desarrollar trastornos depresivos mayores o conductas autodestructivas.

Estudios citados por Pereyra indican que hasta el 60% de las personas con síntomas depresivos persistentes mantiene su funcionamiento cotidiano, aunque experimenta anhedonia —la incapacidad de sentir placer— y describe su rutina como vivir en “piloto automático”.

La psicóloga Aldana Regalado Mujica coincide en que la depresión suele manifestarse de formas menos evidentes, especialmente en adolescentes y jóvenes. Señala que el entorno cercano debe estar atento a señales como cansancio constante, irritabilidad, dificultad para concentrarse y una sensación permanente de sobreexigencia. En consulta, muchos jóvenes expresan el temor a no ser suficientes y la presión por cumplir expectativas que no siempre sienten como propias.

Regalado enfatiza que buscar ayuda no debe interpretarse como una debilidad. Reconocer el desborde emocional, afirma, es una señal de alerta que puede marcar la diferencia cuando se recibe acompañamiento a tiempo.

Brechas en el acceso y retos pendientes

A pesar de la magnitud del problema, el acceso a servicios de salud mental sigue siendo limitado. El estudio del Consorcio de Universidades, realizado en tres instituciones privadas, revela que solo el 28% de los estudiantes recibió apoyo psicológico en el último semestre, incluso entre quienes presentaban indicadores severos de riesgo. El estigma, la normalización del malestar y el desconocimiento de los servicios disponibles continúan siendo barreras significativas.

En el marco del Día de la Lucha contra la Depresión, especialistas advierten que la salud mental no puede seguir abordándose de manera secundaria o reactiva. Fortalecer las políticas de bienestar, capacitar a la comunidad educativa para identificar señales de alerta, establecer protocolos de intervención temprana y promover una cultura de autocuidado son acciones clave para enfrentar el problema.

Desde el sector Salud se recuerda que el país cuenta con más de 300 centros de salud mental comunitarios y con la Línea 113, opción 5, que ofrece orientación gratuita las 24 horas. No obstante, el principal desafío —coinciden los expertos— no es solo ampliar la oferta, sino reconocer a tiempo las señales y asumir que la depresión es una condición de salud que requiere atención continua y oportuna.

Fuente: La República