


Investigadores sugieren que la tecnología afecta la comunicación hablada; los saludos y conversaciones breves han disminuido, contribuyendo al aislamiento. Iniciar pequeños diálogos puede ayudar a recuperar vínculos sociales.
Hablar menos de 300 palabras al día puede parecer un cambio pequeño, pero, al acumularse, revela una transformación en la manera en que nos relacionamos. Una investigación publicada en Perspectives on Psychological Science encontró que las personas pronuncian cada vez menos palabras y que la disminución es más marcada entre los jóvenes.
Los investigadores Valeria Pfeifer y Matthias Mehl analizaron los registros de alrededor de 2.000 participantes de distintas edades en países como Estados Unidos, México, Australia y otros de Europa. Al comparar los datos recopilados durante 17 años, identificaron una caída promedio de más de 300 palabras por persona cada día.
La cifra equivale a cerca de 110.000 palabras menos al año, una cantidad similar a la extensión de una novela corta. El estudio no buscó establecer las causas de este descenso, pero sus autores consideran que los cambios tecnológicos y sociales podrían estar relacionados con el fenómeno.
Al separar a los participantes en dos grupos, los menores de 25 años y los mayores de esa edad, los científicos encontraron diferencias. Los más jóvenes redujeron su habla en un promedio de 451 palabras diarias, mientras que en el grupo de adultos la disminución fue de 314.
Mehl plantea que parte de las conversaciones podría haberse trasladado a mensajes, correos electrónicos y redes sociales. Sin embargo, el problema no sería necesariamente que usemos menos palabras en total, sino que intercambiamos menos mensajes hablados. La investigación tampoco midió directamente el efecto de los dispositivos, por lo que esta explicación todavía debe estudiarse.
Entre las interacciones que estarían desapareciendo figuran los saludos a los vecinos, las conversaciones con vendedores o las preguntas para pedir indicaciones. Son encuentros breves con personas que no forman parte del círculo cercano, pero que pueden generar una sensación de reconocimiento y pertenencia.
La pandemia y el aislamiento pudieron reducir aún más esas oportunidades, aunque los investigadores todavía no cuentan con datos posteriores para confirmar cómo evolucionó la tendencia. Para Mehl, una manera sencilla de recuperar esos vínculos es iniciar pequeñas conversaciones: saludar, intercambiar unas palabras o hablar con un amigo.
Estos momentos cotidianos no reemplazan las relaciones cercanas, pero pueden ayudar a reducir el aislamiento y favorecer una convivencia más amable.
En un contexto donde cada vez hay menos conversaciones espontáneas, recuperar el interés por hablar con quienes nos rodean también supone aprender a escuchar. Esta habilidad es clave para construir relaciones más cercanas y mantener una comunicación efectiva.



