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14 Jul 2026 | 17:05 h
Expertos resaltan que muchos análisis se basan en informes subjetivos de los menores, lo cual podría distorsionar la percepción de la influencia de la tecnología en su bienestar emocional.
La preocupación por la salud mental y pantallas en niños y adolescentes crece entre las familias. Sin embargo, nuevas investigaciones advierten que el impacto de la tecnología sobre el bienestar emocional no es tan concluyente y que factores como la soledad, el contexto de uso y el acompañamiento adulto pueden influir mucho más que el simple tiempo de pantalla.
En el debate sobre salud mental y pantallas, gran parte del alarmismo actual se sostiene en estudios basados en lo que los propios jóvenes recuerdan y reportan sobre su uso diario de celulares, tabletas y otras pantallas, un método que los expertos consideran poco fiable. Pete Etchells, psicólogo de la Bath Spa University, destaca que muchas veces se confunde una simple correlación con una relación de causa y efecto.
Por ejemplo, en investigaciones sobre ansiedad juvenil, análisis profundos descubrieron que el aislamiento y el tiempo que los adolescentes pasaban solos tenían un peso mucho mayor en su salud emocional que las horas frente a la pantalla. Además, una revisión de la American Psychological Association (APA) que analizó decenas de estudios concluyó que la tecnología desempeña un papel muy pequeño en el bienestar psicológico.
Uno de los trabajos más reveladores analizó los escáneres cerebrales de 11.500 menores. Aunque se detectaron sutiles cambios en la conectividad de ciertas áreas, no se encontró evidencia de que esto afectara negativamente la cognición o la salud mental, incluso en aquellos menores que usaban dispositivos durante varias horas al día.
Si te preocupa que la luz azul arruine el descanso de tus hijos, una amplia revisión científica de 2024 tampoco halló pruebas de que usar pantallas una hora antes de dormir dificulte el sueño de manera significativa.
El concepto de tiempo de pantalla es demasiado amplio. No es lo mismo utilizar una tableta para dibujar, programar o hacer videollamadas con amigos que pasar horas consumiendo de forma pasiva publicaciones preocupantes. Aunque voces prestigiosas como Jean Twenge recomiendan retrasar el uso de móviles hasta los 16 años basándose en estudios donde reducir el uso de pantallas alivió síntomas psicológicos, la comunidad científica sigue dividida.
Lo único seguro es que, ante la falta de consenso, la clave sigue estando en el acompañamiento y en la calidad de lo que los niños consumen en el mundo digital.
Como suele ocurrir en la ciencia, las respuestas no son absolutas. Las pantallas, por sí solas, no parecen ser las grandes villanas de la salud mental infantil, pero tampoco están exentas de riesgos. El verdadero desafío está en comprender cómo, para qué y en qué contexto las utilizan los menores.
En ese camino, el debate sobre la salud mental infantil y pantallas también recuerda que el rol de las familias sigue siendo fundamental. Más allá de contar las horas frente al celular o la tableta, los especialistas recomiendan prestar atención a las aplicaciones que usan los niños, las personas con las que interactúan y las señales de alerta que puedan aparecer en el entorno digital. Por ello, resulta clave conocer algunas recomendaciones prácticas para acompañarlos y protegerlos mientras navegan por redes sociales y otras plataformas digitales.