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08 Ene 2026 | 15:28 h
Los primeros años son fundamentales para el correcto crecimiento y desarrollo del ser humano. Parte de ello, es la conexión con los padres, amigos y comunidad. No obstante, en un tiempo en el que abundan las pantallas y los aparatos tecnológicos, esta situación tiende a cambiar. Acá, muchos padres se realizan la misma pregunta, ¿realmente está bien que mi hijo pase más tiempo frente a un celular?
Una investigación longitudinal, realizada en Singapur, parece tener las respuestas. Su primera evidencia demuestra cómo el contacto con las pantallas—antes de los dos años—, se vincula con modificaciones en el desarrollo cerebral y un mayor de sufrir ansiedad.
El estudio realizado por Tan Ai Peng—y publicado en la revista EBioMedicine—siguió por más de una década a 168 niños pertenecientes a la cohorte Growing Up in Singapore Towards Healthy Outcomes (GUSTO). La evaluación se presentó en colaboración con el Instituto para el Desarrollo Humano y el Potencial de A*STAR y la Facultad de Medicina Yong Loo Lin de la Universidad Nacional de Singapur.
Según los hallazgos divulgados, los niños que pasan mayor tiempo frente a pantallas, antes de los dos años, demostraron:
Pero el tema no queda ahí. Con el paso del tiempo, las diferencias también se presentaron en el plano emocional. En la adolescencia, algunos participantes presentaron:
Cada una de las evaluaciones se realizaron con el apoyo de resonancias magnéticas durante tres momentos de desarrollo: 4, 5 y 6 años.
De acuerdo con la explicación del doctor Huang Pei—el primer autor del trabajo—, una fuerte estimulación desde una edad temprana, produce una aceleración en las redes cerebrales. En otras palabras, esto se traduce en una menor flexibilidad mental y dificultades para adaptarse a nuevas situaciones.
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Las pruebas realizadas a los 8, 5 años lo comprueban. Los niños con este desarrollo, tomaban decisiones más lentas. A los 13, aquellos que seguían este patrón, presentaron síntomas de ansiedad.
Sin embargo, ¡no todo es negativo! En contraste, el estudio destaca que la lectura compartida entre padres e hijos podría ser un factor protector. Una investigación adicional—publicada en Psychological Medicine en 2024—demostró que en cuanto se les leía a los menores de tres años, fortalecía las áreas cerebrales relacionadas a la regulación emocional.
En tal sentido, impulsar la relación entre padres e hijos parece ser la respuesta para un mejor desarrollo de los menores. Siguiendo un estilo de crianza responsable, que regule el tiempo de uso de las pantallas, se fomentará el bienestar infantil.